Comunicación Viciada

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Costa aprovecha el Camino de Santiago para huir a Francia

Valencia. 12 de octubre. C.V. El hasta el pasado viernes, Secretario General del PP Valenciano, Ricardo Costa, ha aprovechado el Camino de Santiago para huir a Francia y no ser imputado, como muchos de sus colegas de partido, en la trama Gürtel.

El pasado viernes, el Presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, decidió destituir del cargo al que ha sido su hombre de confianza desde hace años. Apenado, Ricardo Costa optó por marcharse a hacer penitencia a Santiago, por eso dijo que dejaría su móvil en Valencia y no estaría localizable.

Su vuelta estaba prevista para hoy lunes, pero Ricardo Costa no ha aparecido. Todas las alarmas se han disparado y, aunque Costa todavía no está imputado en la trama, fuentes policiales apuntan a que ha cruzado la frontera con Francia con tal de huir de una más que posible condena.

Francisco Camps y Ricardo Costa

Comunicación Viciada se ha desplazado hasta la frontera que separa Cataluña y Francia para preguntar a posibles testigos. Efectivamente, algunos agentes fronterizos afirman haber visto a un hombre con un reloj de 20.000 euros en una muñeca y una pulsera con la bandera de España en otra que conducía un coche muy lujoso. Según declaran, parecía algo nervioso y no vocalizaba bien: “ens va portar molt de temps entendre el que volia, deia cada tres paraules alguna cosa així com oea”.

Como ha declarado Jorge Alarte, líder de los socialistas valencianos, en una entrevista concedida a la redacción a la salida de Deseo 54: “desde que quitaron el piso de arriba por culpa de la denuncia de Venial, Deseo 54 ya no es tan divertido, eso es lo que ha conseguido el PP valenciano, discotecas de un piso”.

La huida de Costa deja en una situación delicada a Francisco Camps, que teme tener que volver a jugar a la paella russa de la destitución y descubrir que esta vez el que se encuentra debajo del mejillón es él.

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Recuerda que estoy es política ficción y comunicación viciada.

Más política ficción aquí.

True Blood

Una serie aparentemente sobre vampiros, sexo y drogas. Pero también una serie que trata temas tan importantes como las sectas, el terrorismo, cómo lucir y relucir pantalones vaqueros o la mejora de la representación en sistemas políticos democráticos (en este caso en el de los Estados Unidos de América).

A la redacción nos encanta y nuestro veredicto final es una clara recomendación. Instamos a todos los lectores a que, cuando acaben de leer esta entrada, dejen todo lo que estén haciendo y se pongan a ver True Blood con una copa de vino y un amante desnudo al lado.

¿Por qué nos encanta? A cada sector de la redacción por una cosa distinta. Unos piensan que sólo por ver sin ropa en cada episodio a Jason ya hay que ver la serie. Otro sector es fan por la interpretación de Anna Paquin, que esta vez hace de una camarera que nunca ha salido de su pueblo y que puede leer los pensamientos de los humanos, lo que la perturba continuamente, sobre todo porque sólo piensan en ella en sentido sexual (será porque no es más que una paleta de pueblo americano que, aunque tenga una buena sonrisa y cierta capacidad de reacción, probablemente roce el analfabetismo).

A otro sector de la redacción le encanta por sus cuidados guiones, la belleza de las metáforas, la interpretación de todos los personajes y por esa atmósfera que combina fantasía con mucha decadencia moral y estética.

A la minoría afroamericana sin seguridad social de la redacción, True Blood le gusta porque algunos de los personajes protagonistas son negros. Entre ellos un camello que trafica con sangre de vampiro (la droga de moda por la que algunos humanos matarían) que a la vez es cocinero del bar donde trabaja la Paquin y que encima es homosexual. En resumen: negro, camello, cocinero de bar decadente y marica.

El sector nerdy de la redacción no para de recordar que la serie está creada por Alan Ball, ese maravilloso hombre que pensó por todos nosotros Six Feet Under (aviso, tópico) una de las mejores series de la HBO y de la Historia de la Televisión. En verdad, True Blood va de lo mismo que SFU: la muerte y la vida. Pero da un paso más, ahora los muertos están vivos y juegan a la Wii. Quizá las críticas que recibió la serie al principio fueron fruto de la estrechez de mente de algunos críticos de series de la blogosfera.  True Blood es un drama para reír y en esos términos debe ser entendida si se quiere disfrutar. No quiere que te quedes en trance durante toda la noche tarareando canciones de Sia, quiere que te quedes pensando en si el bulto que tiene Jason entre las piernas es real o no. Los que se esperaban otro SFU se equivocaban y los que criticaron a True Blood en sus inicios por su pretencioso y forzado drama es que eran unos reaccionarios incapaces de asumir el final de SFU.

Por una cosa u otra, a todos nos gusta. También es cierto que tenemos un claro pasado de fanatismo veraniego de Buffy Cazavampiros. True Blood es como esa serie, sólo que la protagonista es un poco más tonta, que no hay brujas lesbianas, que los personajes se desnudan, que hay drogas, que los vampiros viven en completa armonía con los humanos y su lucha se centra en ser reconocidos como ciudadanos de pleno derecho (¡es una lucha política!), que la protagonista no cambia de novio en cada temporada y que para matar a los malos lo último que hacen los personajes de True Blood es ir a la biblioteca, en parte porque la más cercana probablemente esté a tres estados de distancia.

AYA 2010: Mejor Actor Principal

MICHAEL C. HALL

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