Sep 12, 2009 1
Chuck
Chuck ha dividido a la redacción. No es que unos sean fans y otros estarían dispuestos a hacer una huelga de hambre o a atarse a cualquier árbol que parezca antiguo del Paseo del Prado con tal de que dejaran de emitirla. Ha dividido a la redacción en el sentido de que unas veces nos parece aburrida, monótona y facilona de forma unánime; y otra nos parece a todos entretenida, arriesgada y encantadora. En resumen, el problema no está en que no nos pongamos de acuerdo porque pensemos cosas diferentes y no podamos tomar una decisión colegiada, que es como tomamos las decisiones en la redacción, el problema es que esta serie nos hace sentirnos inseguros, nos lleva a preguntarnos si realmente tenemos criterio, si estamos preparados para ser líderes de opinión y si el tiempo que invertimos en deliberar, estructurar y escribir nuestras reseñas merece la pena. Nos hace también plantearnos si el nivel de nuestros lectores es el que creíamos o si, por el contrario, nuestros lectores nos siguen porque son una masa acrítica y moldeable, capaz de creerse que O.C es una buena serie y que Comunicación Viciada es un buen portal.
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El caso es que una serie capaz de hacer que nos replanteemos nuestra propia existencia tiene que tener algo. Crear una problemática donde no la había o sacar a la luz una que nadie conocía, no es algo que pueda hacer una simple serie de espías, que es de lo que va Chuck. Pocos personajes (y todavía menos con relevancia), tópicos en todas las escenas, guiones predecibles, tramas prefabricadas, actores mediocres (algunos de la escuela Everwood), originalidad nula y ciertos aires de plagio estilístico son los elementos básicos de la serie. Vayamos por partes.
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El creador de la serie es el mismo que creó ese error conocido como Orange Country. Todavía recordamos ese verano de 2004 que pasamos en Gales y nuestras hermanas nos decían que en la uno acababan de estrenar una serie que nos iba a gustar. Cuando volvimos en agosto y vimos de lo que se trataba no podíamos parar de vomitar, como en la vida real la protagonista. El caso es que cuando veíamos los créditos de Chuck (bastante pésimos, todo sea dicho) el nombre del productor nos resultaba familiar, un poco de investigación nos llevó a relacionarlo con esa serie que no vamos a nombrar tres veces en el mismo post.
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La trama no hay por dónde cogerla, al pobre Chuck que lo echaron de Stanford en su último año por copiar en un examen acaba trabajando en Buy More, que es como un guiño, suponemos que muy caro, a Best Buy (conocida cadena de venta de aparatitos electrónicos de todo tipo en los Estados Unidos de América). Un buen día recibe un mail de un examigo de la universidad que contiene un archivo que se descarga automáticamente en su cabeza. Dicho archivo guarda los secretos de estado más importantes de la CIA. Resulta al final que lo que se ha descargado es la única copia del Intersect una especie de ordenador (¿?) que quiere tener todo el mundo. A partir de ese momento Chuck será capaz de reconocer a todos los malos de la Tierra sólo con ver algo que tenga que ver con ellos. De la noche a la mañana pasa de ser un pringado a la persona más importante para la CIA y para tropecientas organizaciones terroristas.
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Para protegerlo la CIA le pondrá a dos agentes , un machote alienado al que sólo le importa hacer bien su trabajo y a una rubia, sensible e inteligente de la que todo el mundo se enamoraría. Tensión sexual asegurada pensaréis. Pues no, de tensión sexual nada, aburrimiento. Amor platónico, estúpida deontología de espías y mucha inocencia continuada durante las dos temporadas que se han emitido.
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Chuck es una mezcla de esa serie que no vamos a volver a nombrar y de Alias. De la primera coge todo lo malo (todo) y de la segunda la forma de estructurar los episodios y las peleas a muerte entre mujeres atractivas.
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El caso es que, como hemos dicho al principio, no podemos dejar de ver la serie. Puede ser por varios motivos, pero hemos escogido los dos que creemos más importantes: que el protagonista es monísimo y que en el segundo capítulo la mala de turno es interpretada por Lorena Bernal, actriz que nos encanta desde que fue protagonista de El Secreto, la telenovela de sobremesa que la uno emitió durante las tardes del 2002 (si no recordamos mal).
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De momento, nos tememos que en la redacción seguiremos viendo la tercera temporada, con la esperanza de que el personaje central evolucione y empiece a comportarse como un espía guay, que la serie se vuelva más dramática, que se trabajen un poco más los enredos de cada capítulo y que vuelva Lorena Bernal.
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Probablemente después de leer la reseña no tengáis ganas de verla o quizá os haya picado la curiosidad y ya estéis entrando en Series Yonkis. Sea como sea, no dejéis de comentarnos vuestras impresiones. Comunicación Viciada somos todos.




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